Héroe sin capa
Para Jesús Zambrano
solo barro virgen, manos jóvenes que lo amaban,
*Eduardo E. Zambrano I.- © - Julio 2025*
Para Jesús Zambrano
*Eduardo E. Zambrano I.- © - Julio 2025*
*Buenos Días*
Con el alba se aparta la bruma vencida,
regreso del mundo de ensueño, sin prisa ni guión.
Con cada paso del sol, sin medida,
el día me ofrece un lienzo, que lleno de dicha y amor.
Mi cuerpo se estira, despacio y sin miedo,
tejo mi ropa con hilos de fe.
Y cuando camino los senderos del destino,
ilumino la senda que me ha visto crecer.
*Eduardo E. Zambrano I.- © - Junio 2025*
*Petra Flores*
Nace Petra en llanto ardiendo,
sin el apellido que la ampara,
y aunque la pobreza la encara,
su vida la va puliendo.
Con muchas voces va creciendo,
aprendiendo a ser altiva;
lleva la aurora en el alma,
lleva el trueno en la mirada,
y escribe, niña obstinada,
el destino con calma.
Con un bisturí y mucha osadía
le abren el pecho desafiando al destino;
regresa, como tambor genuino,
más fuerte al otro día.
Late su sangre y decreta
que la muerte haga distancia;
cicatriz hecha constancia
de que el dolor no la hereda:
quien renace en roja seda
convierte el miedo en constancia.
Esposo de paso incierto,
chagas y derrumbes;
Petra alza con firmes brumbies
seis vidas y un techo abierto.
En su jornada de hierro
cose el pan, cose la herida,
desayuna la partida,
cena un rezo sin temblar,
y al alba vuelve a forjar
la dignidad perseguida.
Si la fiebre ve llegar
la retrocede a su guarida;
su palabra es agua ungida,
su aguja promete salvarla.
Los ranchos aprende a honrarla,
pues vive quien la recibe;
cada niño que revive
es candil sobre la aldea,
y a cada muerte le crea
salmos vivos que proscribe.
Con sarcasmo fino y leve
lanza espinas de alegría;
su risa, filosofía
que al ignorante le llueve.
Declama, su verbo mueve
coplas de Aquiles y de Duarte,
y así la tertulia hace valuarte;
su memoria como un manantial,
convierte al ingenio en puñal
y en caricia en el misma cantar.
Cuando imploró al Dios
del cielo por dormir
sin despertarse,
la aldea quiso abrazarse
a su sombra y su consuelo.
Más de una década lleva en vuelo,
y aún el viento la menciona;
cada nieto que razona
porta su luz encendida:
tambor que niega la huida,
corazón que ella no abandona.
Por: Eduardo E. Zambrano I © Junio 2025
Llueve y el Vigía se baña despacio,
con esa llovizna que moja hasta el alma,
en el porche —con el recuerdo— resuena la voz de mi abuela
mezclada en el canto que deja la calma.
Dos árboles grandes guardaban la entrada
de la casa vieja, testigos silentes
de juegos y rezos; ya no están, lo sé…
pero a veces me buscan cuando la lluvia acaricia mis huesos.
Hoy, al frente de mi casa, el samán se alza con ternura,
bañado de cielo, paciente, sereno,
y el alba lo toca con dedos de azúcar,
como si el tiempo le hablara en lo pleno.
Café entre las manos, calor de mi casa,
el eco de risas que ya no están cerca,
familia grande, mantel y alboroto,
recuerdos que laten… y nunca se sueltan.
Y aunque uno se marche, la tierra no olvida,
ni el barro, ni el canto, ni el beso al partir;
hay algo en la patria que abraza de vuelta:
la sangre y el suelo me hacen vivir.
Eduardo E. Zambrano I. © Junio 2025