lunes, 23 de junio de 2025

Petra Flores

 *Petra Flores*


Nace Petra en llanto ardiendo,

sin el apellido que la ampara,

y aunque la pobreza la encara,

su vida la va puliendo.

Con muchas voces va creciendo,

aprendiendo a ser altiva;

lleva la aurora en el alma,

lleva el trueno en la mirada,

y escribe, niña obstinada,

el destino con calma.


Con un bisturí y mucha osadía

le abren el pecho desafiando al destino;

regresa, como tambor genuino,

más fuerte al otro día.

Late su sangre y decreta

que la muerte haga distancia;

cicatriz hecha constancia

de que el dolor no la hereda:

quien renace en roja seda

convierte el miedo en constancia.


Esposo de paso incierto,

chagas y derrumbes;

Petra alza con firmes brumbies

seis vidas y un techo abierto.

En su jornada de hierro

cose el pan, cose la herida,

desayuna la partida,

cena un rezo sin temblar,

y al alba vuelve a forjar

la dignidad perseguida.


Si la fiebre ve llegar

la retrocede a su guarida;

su palabra es agua ungida,

su aguja promete salvarla.

Los ranchos aprende a honrarla,

pues vive quien la recibe;

cada niño que revive

es candil sobre la aldea,

y a cada muerte le crea

salmos vivos que proscribe.


Con sarcasmo fino y leve

lanza espinas de alegría;

su risa, filosofía

que al ignorante le llueve.

Declama, su verbo mueve

coplas de Aquiles y de Duarte,

y así la tertulia hace valuarte;

su memoria como un manantial,

convierte al ingenio en puñal

y en caricia en el misma cantar.


Cuando imploró al Dios

del cielo por dormir

sin despertarse,

la aldea quiso abrazarse

a su sombra y su consuelo.

Más de una década lleva en vuelo,

y aún el viento la menciona;

cada nieto que razona

porta su luz encendida:

tambor que niega la huida,

corazón que ella no abandona.


Por: Eduardo E. Zambrano I © Junio 2025

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